Haiku XLIII

Una cana en tu cabello;
un año más letal
un año más bella.

Roberto Abelardo

Haiku XLII

Tras la llovizna
navegando en el charco
flor de cerezo.

 

Roberto Abelardo

 

 

Volverme

Hoy voy a volverme canción;
el ritmo lo marca el viento
que recorre mis adentros
y siempre nace del pulmón.

Le da fuelle una pasión
cómo la fragua de Hefesto;
eterna es la transición
de aprendiz a maestro.

No quedará ningún rincón
que esté a salvo del tiempo;
le auguro un fin funesto
a cada cual por su traición.

Tripas rugen, corazón;
siendo tenue tu lamento
se eleve al del tormento
que sufres en tu razón.

En cada abrazo el misterio
de traer a la vida calor,
llenando de jilgueros
y verde el paisaje sin color.

Resisto cómo el Vietkong
ante el poder de un imperio
creando con éste amor
que llevo de uno a otro hemisferio.

Roberto Abelardo

Despierta

Hay heridas que llegan a las venas
aunque la piel nueva haya borrado
las cicatrices.

Hay heridas que no se ven
en tanto hay voces que articulan
sin labios,
en tanto hay imágenes
que no ha plasmado ningún pincel.

Hay una sonata que aún nadie ha compuesto
cada vez que la brisa agita
las copas de los árboles.

Hay una sonrisa que te espera
y una ocasión de ser amable
cada mañana.

Para ver
sólo hace falta
abrir los ojos,

pero,
y si de verdad quieres ver,
primero has de decirte:

¡despierta!

R.

Debilidades (Soneto)

Por verme incapaz de mis emociones
dominar, a quiénes yo más quería
dañara aunque no se lo merecían.

En mi noche eterna no amanecía
los labios teñidos de sinsabores;
pródigo antes fuera yo en mis amores
y ahora sólo soy planície baldía.

Más aún habrá de llegar el día
en que regresen de nuevo los colores,
en que alegren otra vez los cantores
cómo antes de todo ésto solían.

No pido ni ruego que me perdonen
libres somos cómo los ruiseñores;
sólo hace falta decirse: confía.

Roberto Abelardo

De cordeles (Soneto)

Contemplando roja la luna llena
te he visto volando en tus alas de papel,
asomado desde mi torre de Babel
al balcón desde el que arrojo mis penas.

Lo sé, soy un peligro y un problema;
un bello monstruo me habita bajo la piel,
pero en los muros de mi templo eres pincel
que sutilmente da forma al poema.

No hagamos caso de las señas del cartel;
nuestros cuerpos peregrinos son del bajel
que impulsa la sangre en nuestras venas.

No queramos vivir una condena;
sepamos vivir la existencia plena
si desotro somos la guía del cordel.

 

Roberto Abelardo

Fluyendo

Ha nacido en éste invierno una luz en el Averno,
un continuo que es eterno y tan mutable cómo el viento
al recolectar lamentos, al llevarse lo que siento
en mi sino sabe haciendo tantos trazos en el lienzo.

Hoy las puertas se han abierto; el mundo estalla en su concierto
mi vergel abraza al yermo cómo el alma llena el cuerpo.
No hay fracaso, no hay acierto; que espere posado el cuervo
que si hay algo de cierto haré ésto hasta hallarme muerto.

En mi sangre está la sal que aliña la instrumental
haciendo de la espiral mi camino hacia el final;
hoy nos toca hacer el mal, hacerle caso al animal
y que el latido sea el timbal, inquebrantable sea el cristal.

Lejos de tu festival, inmerso en la estival
labor de mi rima existencial, hago de mi energía vital
el más sagrado vial, mi fragmento del Grial;
que jamás me pondrán bozal hasta el día de mi funeral.

Robestrébol