Vivir o morir despacio

¡Dientes de león!
¡Dientes de león en la playa!
La primavera se expande.

Seisensui

Hay veces que desearía taladrar
con mis ojos el sol
y descubrir qué noches aún se ocultan
tras su luz.

A veces deseo tanto
que por poco olvido ser uno sólo
de tantísimos ciegos
a los que un espejismo arrancó las pupilas
y con ellas jugó a las canicas.

Cuéntame qué persigues
y te diré que es lo que te esquiva,
señálame que sombra afrontas con pulso trémulo
y te mostraré adónde te arrastra

a qué fauces
a qué vorágine de luz negra
te abocas con el estupor
de unos ojos abiertos.

Ése sueño no puede ser la vida.
Los muertos también sueñan,
será que sueñan con la vida
cuando hay vivos aquí que sueñan muerte.

Será que la muerte es entonces sueño
sin dejarse ser vida,
mientras la vida no se sueña
sin dejarse primero ser muerte.

Pero ¿qué es entonces la vida?
Tal vez nunca haya sido
montículo de arena
que en el viento se desgrana
o la hoja mecida

en la imparable brisa
del huracán.

Quizás sólo sea
una gota de sal
en un trocito de tierra
que aprendió a respirar entre dos estertores,

en el breve instante
entre el dolor de llegar
y el previo a la última ausencia.

Si hay dolor hay vida,
Si hay vida hay alegría

Si hay alegría hay sueño
Si hay sueño hay muerte,

Si existe muerte hay vacío

y si hay vacío
siempre llegará un diente de león
para volver a llenarlo
de vida.

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