Nací para tumbarte sobre un lecho de flores

Aún en lo antiguo, hay cosas que merece la pena recordar.

Luz a 0º Kelvin

Vinimos a éste mundo por cósmico

azar, cómo confluye lo minúsculo,

indistinto a los faros del crepúsculo,

cuando, eterno, impulsa su fulgor crónico.

Dentro esotro hallarnos, milagro entrópico;

amando, aún cuando no arriben opúsculos.

Sublimas, vida, en cuánticos grupúsculos,

curva alegría del destino homónimo.

Sí; nuestra luz partirá de las córneas,

de regreso a los astros y sus órbitas,

acopiada en cien estaciones cíclicas.

Más ni el eterno sueño, ni las óseas

lagunas, ni mil maldiciones órficas

podrán con éste amor de fuentes místicas.

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