Sí a la cultura viva, no a la cultura muerta

La contracultura toma la plaza del Ayuntamiento de Barcelona en pro del
empoderamiento ciudadano.

El pasado lunes 14 de mayo, los miembros del recientemente clausurado Club Cronopios se reunieron frente a las puertas del Ayuntamiento de Barcelona en pro de la cultura viva. Más de 300 personas, de 300 artistas —entre poetas, músicas, filósofos, actrices, escritores, bailadoras y personalidades implicadas a fondo en el tejido cultural de la ciudad Condal— se dieron cita para defender la necesidad de los espacios ciudadanos y la reapertura de una de las más insignes asociaciones literarias del underground barcelonés.

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Manifestantes en defensa del Club Cronopios frente al Ayuntamiento de Barcelona

Defendiendo el hecho de que no solamente es en el sector institucional ni en el corporativo dónde se conocen, configuran y crecen las artistas, los manifestantes han abogado que el progreso político y el desarrollo de la conciencia social sólo pueden lograrse mediante el poder que otorga una cultura viva y libre, que radique en las manos de la propia ciudadanía.

“Para que la consciencia se desarrolle —dice Ramón Buj, uno de los responsables en la administración de la asociación— la ciudadanía necesita de espacios cómo el Cronopios, que ha sido refugio, muelle y trampolín para tantísimas personas que disfrutan creando, aprendiendo y, sobretodo, compartiendo.”

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El cierre del local no impidió a los miembros y artistas de la asociación literaria del Club Cronopios
seguir con el micro abierto de todos los lunes.

No todas las ideas justas ni revolucionarias han de llevar un “anti” cómo prefijo. El lunes la plaza de Sant Jaume se llenó de personas dispuestas a construir y comprometidas, en todo, con los pros que hacen posible el encuentro y el desarrollo de los tejidos sociales y culturales.

Pro-vida, pro-cultura, pro-libertad, son las enseñas que han embrazado los manifestantes del pasado lunes. En pro de una cultura viva y libre, afirman que seguirán luchando por hacer del arte y del pensamiento lo que ha de ser; uno de los peldaños esenciales e imprescindibles en la escalera que lleva a todo ser humano a trascender la mera existencia, y embrazar los cielos abiertos de la auténtica libertad.

Robestrébol
Imágenes por cortesía de los miembros de la asociación literaria Club Cronopios

Haibun I

El haibun es una disciplina literaria en la que se narran las vivencias íntimas, a las que se da conclusión mediante un haiku. He decidido trasladar mi haibun personal a éste espacio cómo ejercicio de libertad y de comunicación propios. También para afrontar temores ligados a la esfera de la intimidad humana.

“Sí, hay que fingir, hay que mentir, siempre lo mismo. Pero es porque dentro de mí se albergan pensamientos, intenciones, esperanzas crueles, maravillosas y asesinas, de las que no sé nada. El ser humano ha emprendido el viaje en busca de otros mundos, otras civilizaciones, sin haber conocido a fondo sus propios escondrijos, sus callejones sin salida, sus pozos y sus oscuras puertas atrancadas.”

Solaris — Stanislaw Lem

Hoy, día 14 de mayo, he tenido la primera visita concertada en el centro de salud mental. Han pasado 11 meses desde que solicitara evaluación psiquiátrica por vez primera. Durante éste periodo, me he sentido más de una vez al borde de un episodio crítico. Si he conseguido evadirlo, es por haber aprendido a reconocer las señales psíquicas y fisiológicas que preceden a los embates de la espiral. El tiempo —y la praxis filosófica— han sabido enseñarme a colocar numerosas redes de seguridad ante la voracidad interior de la abisal caída.

Talmente cómo los aqueos de Ulises enfrentaron la furia de Caribdis y la Escila, sólo con el mayor de los esfuerzos logro aparentar la suficiente tranquilidad y disposición de ánimo para afrontar el día a día de la cuerda floja. Es requerida la plenitud de mis fuerzas para persuadirme a mi mismo de que el sentirse vacío es algo transitorio, cómo el contenido de un vaso que se apura para volver a llenarlo de nuevo.

Por desgracia, no siempre prospera en mi la convicción a la que me someto. Más pronto que tarde, acabo notando en ella el inconfundible sabor del engaño.

Tengo 25 años. Me siento en una plenitud intelectual y biológica que no hace si no reforzar la concepción de que me encuentro en mis mejores años. De que me hallo en una etapa de la vida en que soy capaz de llevar a cabo todo cuanto me proponga, por difícil que se antoje la tarea. Ya dicen que sólo los que están un poco locos consiguen hacer realidad lo que otros creyeron locuras.

Sin embargo y pese mi predisposición consciente, no todo es tan sencillo.

Hoy he conducido hasta el centro médico. No me gusta coger el coche en éstos días. A medida que la aceleración en la autovía producía en mi un efecto de ligera ingravidez, el pensamiento ha vuelto, llamando a la puerta con sus gastados nudillos. Sería tan fácil, sería tan fácil – resuena una y otra vez al ver los muros y los quitamiedos en la carretera. Sería tan fácil – sigue haciéndose eco, al contemplar el precipicio a tan sólo unos metros del asfalto – sería tan fácil…

No son deseos ni pensamientos desusados los que, en ésos momentos, asaltan mi mente. Éste año se han cumplido 10 años desde el último intento de suicidio; mi familia nunca supo de ninguno de ellos hasta éste mismo año. También han pasado 10 años desde que empecé a consumir estupefacientes de forma regular; la relación de causalidad entre ambos sucesos es obvia y evidente para cualquiera que sepa que al sumar 1 y 1 nos da 2.

Me siento profundamente decepcionado, ciertamente furioso, ante la precariedad y la falta de consecutividad en la atención solicitada. Talmente que la siguiente cita me ha sido dada para el mes de octubre. El resto —incluso para renovar la prescripción en los medicamentos— habré de gestionarlo cómo hasta ahora; por urgencias en el hospital psiquiátrico.

Después de 11 meses aguardando mal que bien para recibir ayuda especializada, durante los cuales me he visto imposibilitado de mantener un empleo estable y en los que sólo con toda la fuerza de mi ánimo consigo persistir y progresar en los cursos y estudios que realizo, me siento muy, muy indignado.

Sin embargo, sentirme indignado por saberme vivir una situación injusta es lo que siempre ha dado fuerza a mi ser para avanzar, para hacer frente a los abusos sufridos. La ira, la hoguera de la frustración es uno de los motores que en mi siempre ha sabido poner en marcha el sistema de turbinas que alimenta la maquinaria central; aquella que siempre consigue volver toda cuesta, todo arriba en un simple adelante.

Pese a todo, pese a las dificultades, toca seguir viviendo, toca seguir luchando. No hacerlo sería tomar un sendero ya transitado; uno que conduce a la archiconocida vorágine de oscuridad, hacia la caída en plano de un abismo en vistas de precipitación crónica y continua.

No hacerlo, no avanzar, no combatir; ése sería tomar el camino fácil.

Y a mi siempre me ha gustado mucho complicarme la vida.

 

Ha aceptado
mi cuenco de meditar
las gotas de lluvia

 

Robestrébol

#39 3 Liras a los propios dioses

No es, tan sólo, el deseo
lo que anima mis dedos a rozar tu piel;
es guardar de tu cuerpo
la dúctil memoria del ser,
la forma primera en que aprendemos a ver.

No son sólo los labios
ni son unos besos encendidos el amor;
es la senda del sabio
es, en la fuente, el sabor
a un río profundo que corre entre los dos.

No es solamente el sexo
motor que en el ser enciende llama y pasión;
es labrar pleno el nexo
aventurarse sin temor
andar juntos sendas más antiguas que dios.

Robestrébol