Al mirarnos (Soneto)

Al mirarnos fue cuando empezó el juego;
dulce cantabas, cual gata traviesa,
tornando en una hoguera mis pavesas
de tanto que en mi avivas el fuego.

Cual seña dada en respuesta a mis ruegos
hálito eres, de vida que embelesa,
cuando el mundo otra vez interesa
y -áureo- dora el Sol de nuevo el espliego.

No habrá de girar por siempre la rueda
ni habrá de quemar por siempre la brasa
ni siempre habrá de ser suave la seda:

mas sé que. tras puertas y tablas rasas.
siempre estará la senda en la vereda;
que en llevándome a ti, tráeme a casa.

Robestrébol

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