Confesión y peregrinaje (Soneto)

Amiga; de decirte lo que siento
ha llegado la hora: la de la verdad;
el momento de renunciar a la heredad
y de esparcir sus restos en el viento.

Bien sé que toda tú eres un templo;
eres las luces que iluminan mi ciudad,
de verdes bosques la temprana humedad
la constante que transita en mi tiempo.

Soy mero peregrino, un viajero
en camino hacia ti, que eres mi Meca,
pues no hay en mí afecto más sincero
que aquél que de mi amor por ti se trueca.

Por ello mismo, no hay mella en mi esmero;
por ti haré sonreír todas mis muescas.

Robestrébol

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