Debilidades (Soneto)

Por verme incapaz de mis emociones
dominar, a quiénes yo más quería
dañara aunque no se lo merecían.

En mi noche eterna no amanecía
los labios teñidos de sinsabores;
pródigo antes fuera yo en mis amores
y ahora sólo soy planície baldía.

Más aún habrá de llegar el día
en que regresen de nuevo los colores,
en que alegren otra vez los cantores
cómo antes de todo ésto solían.

No pido ni ruego que me perdonen
libres somos cómo los ruiseñores;
sólo hace falta decirse: confía.

Roberto Abelardo

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