Bien te pido, niña mía, no llores (Soneto)

Tú que seguiste a tu alma lisonjera
en las bellas cuitas de los amores
sin dar ningún afán a los rencores
que a las pequeñas afrentas esperan.

Por amar a quién no se mereciera
callaran dentro tuyo los cantores,
sumida en los más horrendos dolores
de quién sufre y además desespera.

Fueras tú mero trozo de madera
puerta deshechada para la hoguera
prendida en la llama de tus candores.

Bien te pido, niña mía, no llores;
ancha cómo el mundo será tu estela
si no dejas de cultivar tus dones.

Roberto Abelardo

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