Haibun III: Poesía en el burdel

 “Déjame ser otra cosa que no sea un cuerpo”

Gata Cattana

Anoche, volvía en el autobús nocturno de una conferencia sobre Schopenhauer cuando, para mi desgracia, me quedé dormido pasándome la parada. Recuperando la conciencia ya a las afueras de mi población, bajé del transporte y me dispuse a la larga caminata hasta arribar al hogar.

Por el camino, el pensamiento no dejaba de rondarme la premisa que Joan Guardiola, profesor de Metafísica en la Universidad de Barcelona, nos había expuesto entre los muros del eminente club Cronopios:

“El mundo en el que vivimos y existimos es enteramente voluntad y, al mismo tiempo, enteramente representación.”

La voluntad aparece, entonces, cómo agente motor en la ilusoria dualidad de la realidad, dónde la representación no adquiere si no el relato del objeto; instrumento, al fin y al cabo, de la manifestación de la voluntad.

—¿En qué lugar deja entonces Schopenhauer, en cuanto a los poetas, a las relaciones platónicas? —pensaba para mi, mientras brillaban cada vez más cerca las luces del polígono industrial — ¿Acaso sean éstas meras proyecciones de la voluntad, de una voluntad ciega que, al negligir la voluntad individual ajena y la propia, aspiren a poseer aquello que de ilusorio se manifiesta en la representación?

Ocupado en éstas reflexiones, ante mis ojos aparecieron las señales de neón del burdel al término de la ciudad. Recordé aquella ocasión en que, justo cumplidos los 18 años, un amigo y yo iniciamos una tímida aventura para averiguar cómo era por dentro. Encendí un cigarrillo y me puse a pensar en una frase que nos habían citado en la conferencia;

Al final, me había encontrado sintiendo un amor intenso, un afecto y apego indecibles. por alguien que ni siquiera me gustaba.”

Con una media sonrisa y, tras algunas vacilaciones, apagué el cigarrillo y me dispuse a entrar. Si querer es poder, veremos qué ocurre me dije.

Contra todo pronóstico, resultó en una velada de lo más agradable. Jamás he pagado por realizar el acto sexual, ni tengo especial interés en empezar a hacerlo; no es la sordidez del sitio, ni las sonrisas forzadas, ni los cuerpos expuestos en artimañas textiles, ni la música a todo volumen lo que me interesa resaltar. Reconozco haber disfrutado con la atención (no siempre exenta de interés) de las personas que allí trabajan, así cómo de algunas conversaciones realmente interesantes con algunas de las mujeres que allí ejercen.

Dicen que la poesía, respecto al campo de la imaginación, se nutre tan sólo de lo bello y de lo bellamente ideado. Hasta en lugares así puede uno encontrar belleza e inspiración; resultó para mi una sorpresa encontrarme escribiendo, y que más de una se acercara a preguntar, movida por la curiosidad;

—¿Me escribirías un poema?

Fue entonces cuando lo entendí; no se es poeta de 8 a 14 y de 15 a 20. El poeta lo es a tiempo completo, en cualquier lugar, en cualquier momento. Es ése agente de una voluntad superior a la individual la que le lleva a emplear la representación cómo herramienta de expresión y manifestación de la misma.

Con el beneplácito de las señoras a quiénes destiné éstos versos, y a pesar de haber estado compuestos in situ, os dejo con los poemas nacidos a la oscuridad del burdel.

                                                            a Maya                                                                 

Eres una hoguera
ardiendo en la chimenea
sobre el minutero.

Eres cómo una brisa;
el suave viento que acaricia
la hierba,

Eres dulce y tierna
cómo la fruta en un verano
que parece no acabar jamás-

Dora el Sol tus cabellos
besados por el día
para que, cómo la Luna,
sepas iluminar las noches.



a Raquel

Eres cálida y acogedora
cómo un refugio después
de un largo viaje.

Eres generosa y amable
cómo el bosque que florece en vida
y a la vida ofrece sus frutos.

Navegas las noches,
noches contenidas en tus cabellos
en tus cabellos de ala de cuervo
que sobrevuelan
el alba que en el horizonte
tan sólo a tu sonrisa
se compara.



a Elena

Libre
de ataduras que unen
y separan pies
y manos

eres libre cómo el viento
que sopla entre las olas
y salpica los barcos de espuma.

Está en tu aroma
el canto lejano de una gaviota
y el amanecer en tus ojos
que nace y pervive hacia poniente.

Vive y nace en ti
el olor a templos antiguos
y el sabor a las flores
que jamás rindieron sus primaveras
a ningún invierno.

Cuanto dolor
ha huído con las aguas;
al fin vacío.


Roberto Abelardo

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