Maldita Tragedia I

“Vamo’ a mantenerlo callao’
Nosotro’ seguimo’ enganchao’;
Avísale a cupido que mandé a la mierda el ego
Y hace tiempo cambié las reglas del juego.”

Un recuerdo ajeno a toda mota de tristeza, de ira y del odio carece de toda la gravedad que le confiere el peso psíquico del recuerdo. Perdimos la Comedia de Aristóteles, irremisiblemente pese a El Arte nuevo de hacer comedias en este tiempo de Lope de Vega; la Tragedia tiene una mayor impronta en la memoria colectiva e individual de las y los individuos de occidente.  Éste concepto abstracto, el de la memoria, sea subjetiva o colectiva, así como la tensión y el dolor acumulados tienen su consecuencia psicosomática; es decir, que aquello que en la mente ocurre, también ocurre en la fisicalidad de aquello que compone el cuerpo.

Ésto se manifiesta de continuo en el tránsito de la energía eléctrica mediante la sinapsis neuronal. Aquellas sendas neuronales asociadas a los recuerdos a los que hemos ligado tensión o dolor, ya fuera físico, psíquico o emocional, pueden llegar a colapsar o bloquear un camino de la sinapsis que nos trajo gran felicidad, por el hecho irrefutable de que fuera doloroso, incómodo o avergonzante. Si entendemos los senderos entre neuronas como hilos de mielina dónde ocurre la transmisión electromagnética, éstos bloqueos y colapsos pueden, metafóricamente, adquirir el aspecto de nudos. Éstos nudos, tanto neuronales cómo psíquicos, pueden deshacerse, con calma, paciencia y ánimo sanador por cualquier persona que lo desee. No siempre es necesario cortarlos; no hay truco, no hay misterio, no hay ritual.

Sólo es necesario conocer a sus demonios, y dejarlos salir a pasear.

Usted, sí, usted, puede hacerlo por su cuenta, si sabe beber de las fuentes apropiadas. El Santo Grial, la gran búsqueda, el tesoro escondido, el Nirvana, el Edén, el Paraíso, Zyon, no importa cómo queramos llamarlo. Yo prefiero el término de Parnaso. Ése desapego a la propia genialidad que, cómo Becquer y otros tantos maestros, mantiene quién se sabe ya se ha ganado la inmortalidad. Y de la inmortalidad hablamos, de lo único que merece la pena en ésta vida; trascenderla. Por ello, se mediante el arte, la ciencia, el deporte o el amor;
trascendamos.

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