Maldita Tragedia III – Santa María

“Pronto clavé mi duda en dios;
y cómo si huérfano otra vez
me convertí en mi mentor.”

Rafael Lechowski, Cantar y Coser

[…] Mi relación con dios o, más concretamente, con su idea, se vio tempranamente en conflicto. La primera, desde aquella experiencia cercana a la muerte a la edad de 3 años, dónde casi morí ahogado en una piscina en un descuido de la familia. La segunda, con la inevitable separación de mis progenitores a la edad de 9 años. La tercera, con el que fue mi primer y único intento de suicidio, tras el desapego y la tortura emocional de mi primera pareja sentimental a la edad de 15.

Las muertes violentas vinieron luego. Mi padre fue el primero, asesinado en la puerta de nuestra casa por un conocido con el que esperaba iniciar un amable diálogo. El segundo fue mi abuelo, con el cráneo aplastado contra el cristal tras el impacto trasero de un camión; poco pudieron hacer los médicos. El tercero y último, mi mejor amigo, hermano de otra madre, víctima del impacto de una caída voluntaria por un despeñadero tras despedirse de su madre por Whatsapp.

Quiénes digan que el mundo de los hombres no es uno violento, no conoce a los hombres. Jamás he buscado la agresión como primera respuesta, pero la vida, bien temprano, nos enseña que hay que abusar o ser abusado. Lo único que diferencia a unos y otros es quién abusa de quién. Más de una, de dos y de tres veces acabé en primaria y secundaria con los dos ojos a la virulé, por el simple hecho de haberme querido defender. Pero los moratones, desgarros y las represalias de los profesores y de los juzgados que dejaba entre los abusones que se atrevían a cortarme el paso, pronto los disuadió contra toda actividad hostil hacia mi, mis personas allegadas o a ejercer su violencia si yo o uno de mis camaradas nos encontrábamos presentes.

“Así crecí, cómo bestia sin amo;
quién no conoce autoridad
se torna tirano.”

Rafael Lechowski, Cantar y coser

Las artes marciales vinieron luego; en carnavales, en discotecas, en parquings; peleas sucias, con barrotes, con cadenas, con botellas rotas cortando la piel y presionando contra el cuello. El motivo de querer aprender a defenderse resulta obvio. Tras ésta nueva iniciación a la violencia, surgió una nueva etapa; la de, sabiendo emplearla, aprender a cómo no usar de ella.

La Biblia, en especial, el Nuevo Testamento, carece de los ejemplos y de la filosofía necesaria para resistir el abuso de la violencia mediante la lucha. Fue, pues, en las artes y disciplinas taoístas dónde encontré la guía necesaria, especialmente gracias al Shi-Fu Isidoro Parra, a la profesora Mónica Caldeiro y a la maestra Arantxa Rodríguez. Gracias a uno, aprendí las técnicas de las artes marciales shao-lin. Gracias a una más, aprehendí la esencia de la meditación zen, shao-lin y tibetana, la tradición poética del taoísmo y del budismo. Gracias a la última, aprendí las artes y la filosofía pictóricas y de la estética del oriente lejano, así cómo el arte de la comunicación no verbal, mediante abanicos, gestos y, en especial, sonrisas.

Mi idea de dios fué, pues, reforjada desde la idea de su ausencia. Dios había muerto mucho antes de que Nietzsche lo anunciara de manera tan imprecisa pero tan literaria. El oriente, en evolución de antítesis no entendió la idea de dios como una totalidad, si no como una ausencia. Y de la mezcla de ésta totalidad y de ésta ausencia, como el Fausto de Goethe, nos lleva a retornar a las antiguas Madres, a las efiges de Gea, a la idea de la Tierra entendida como ser vivo y la de dios como la totalidad material y energética que la puebla y que da cabida al Universo. El panteísmo de dios como Universo, ya planteado por Spinoza, da lugar a la idea de dios como la suma de la totalidad y de la ausencia de materialidad o de energía. Habiendo demostrado Albert Einstein en la famosa fórmula

E=mc^2

No queda si no concluir que materia y energía tienen una misma fuente. Cuerdas, decían hasta hace poco. Éter, decían los antiguos. Sin duda aún estamos lejos de entender de modo completo y consciente la complejidad de la totalidad y de la ausencia que forman nuestro Universo. Pero en Él, en nuestro ‘Verso, habita nuestra Tierra, que nos ha alumbrado y acoge como especie. Si existe un dios, éste, para mi, es el Universo. Si existe una diosa es, para mi, la roca viva que es la Tierra.

IntroducciónTFGJoanSole3

Cada persona puede y tiene la libertad de elegir como rendirle homenaje a sus creencias.  Para mi, los cánticos antiguos a la Madre de dios, María, me han parecido siempre los más hermosos. Ésta, una de los más anteriores; la Cántiga 100, en gallego medieval del S.XIII y de manos u órdenes del mismo Alfonso X el Sabio, reza:

Santa Maria,
Strela do dia,
Mostranos via
Per a Deus e nos guia.

Ca veer face-los errados
Que perder foran per pecados
Entender de que mui culpados
Son; mais per ti son perdoados

Da ousadia
Que lles fazia
Facer folia
Mais que non deberia

Santa Maria,
Strela do dia,
Mostranos via
 Per a Deus e nos guia.

Amostrar-nos deves carreira
Por gaar en toda maneira
A sen par luz e verdadeira
Que tu dar-nos podes senlleira;

Ca Deus a ti a
Outorgaria
E a queria
Por ti dar e daría.

[…]


 

Que la luz sea con vos en la Senda, en tanto la senda sea con vos hacia la Luz.

Carlos Buenaventura Durruti

Sant Salvador (Tarragona) 7 de Mayo de 2020

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