Apariencias (Soneto)

Tú ves en mi éste calmo y gentil porte;
el de un monje que va rezando un sutra
mientras, alegre, va embrazando ruta
sin que la cuesta o la subida importe.

Más cien veces habré perdido el norte
habiendo vuelto de nuevo a la gruta,
por tal de dar a probar ésa fruta
que la mente impulsa cómo un resorte.

Toda persona lleva consigo un disfraz
que impide ser libre a nuestra conciencia
y encontrar en nuestra vida el dulce solaz.

Siempre nos engañan las apariencias;
ardúa es la guerra de quién quiere hallar paz
y quién más duda, alberga más sapiencia.


Roberto Abelardo

Jugando al trap

Hace un tiempo ya que mi buen amigo Noxia me está guiando hacia las composiciones rítmicas. En éste caso, jugábamos a plantear un tema de trap (o de crap, que es lo que queda al comerse un rap, digerirlo cómo trap y terminar excretándolo de forma natural).

Dado que tengo la mala costumbre de perder mis escritos y que tengo menos vergüenza que un drag queen en un desfile del orgullo gay, me decido a compartir la letra con vuesas mercedes.

Deseo se disfrute, si se puede.


 

Mi trino malsano
se abre camino en tu oído como si fuera un gusano;
yo quiero estar sano, en claro y en distinto
o sea en cartesiano.

Soy el artesano
de lo que habita en las rimas;
si no vigilas te arrimas, hermano
te vienes arriba y te quemas la mano;
yo gano.

No es que no me importe;
es que me has cogido en mal momento,
va un tiro ‘padentro
indago y no siento
le pego otro tiento;
mi sangre impregna el aliento
no miento,

Soy diente de león que viaja en el viento;
otros son esclavos del tiempo
na’ más que yonkis y putas
atrapaos’ en la gruta
dónde nunca han llegado a comer de la fruta.

Ella me folla a lo bruta
que bien lo disfruta
directa a la ruta
me tiene rezandole un sutra
pa’ que en plena dicha me nutra,

Dando las neuras por muertas
hoy soy yo el que derriba las puertas.

Roberto Abelardo

Bien te pido, niña mía, no llores (Soneto)

Tú que seguiste a tu alma lisonjera
en las bellas cuitas de los amores
sin dar ningún afán a los rencores
que a las pequeñas afrentas esperan.

Por amar a quién no se mereciera
callaran dentro tuyo los cantores,
sumida en los más horrendos dolores
de quién sufre y además desespera.

Fueras tú mero trozo de madera
puerta deshechada para la hoguera
prendida en la llama de tus candores.

Bien te pido, niña mía, no llores;
ancha cómo el mundo será tu estela
si no dejas de cultivar tus dones.

Roberto Abelardo

Volverme

Hoy voy a volverme canción;
el ritmo lo marca el viento
que recorre mis adentros
y siempre nace del pulmón.

Le da fuelle una pasión
cómo la fragua de Hefesto;
eterna es la transición
de aprendiz a maestro.

No quedará ningún rincón
que esté a salvo del tiempo;
le auguro un fin funesto
a cada cual por su traición.

Tripas rugen, corazón;
siendo tenue tu lamento
se eleve al del tormento
que sufres en tu razón.

En cada abrazo el misterio
de traer a la vida calor,
llenando de jilgueros
y verde el paisaje sin color.

Resisto cómo el Vietkong
ante el poder de un imperio
creando con éste amor
que llevo de uno a otro hemisferio.

Roberto Abelardo

Despierta

Hay heridas que llegan a las venas
aunque la piel nueva haya borrado
las cicatrices.

Hay heridas que no se ven
en tanto hay voces que articulan
sin labios,
en tanto hay imágenes
que no ha plasmado ningún pincel.

Hay una sonata que aún nadie ha compuesto
cada vez que la brisa agita
las copas de los árboles.

Hay una sonrisa que te espera
y una ocasión de ser amable
cada mañana.

Para ver
sólo hace falta
abrir los ojos,

pero,
y si de verdad quieres ver,
primero has de decirte:

¡despierta!

R.