Archipelago of despair

From family to nation, every human group is a society of island universes.”

Aldous Huxley, The Doors of Perception

We are castaways on isolated islands;
              broken masts were planted on sand
                          remembrance of oaks 
among the palm trees.

There we built our architectural messes
                only one rule to live;
                       the less we have
                            the more we share.

Tents and caravans raised over
  insufficient humanitarian oasis;
            death flies over cities of misery
as the water washes the memories in pain
     if we're lucky
                      and pray.

Fire burns to ashes 
            the temporary permanence
                       the shelter:
the doll the little girl used to dress
                        everyday.
The football these youngsters
used to play with their neighbours.
The spared possesions left:
          books, amulets, photographs 
last things to remember
                     what used to be home
burned to ashes.

No rainshade 
No medical assitance
No food
No compasion.

If you're a single man
     you're hopes are disposable
             you're suffering is negligible
                      you're life is expendable.

Another boy has been found
                                                       as a corpse
                                                                       drowned;
he couldn't afford living
knowing what expects him.

From oasis to oasis
from prision to prision
from island to island
archipelago of growing despair
consumes like flames.

There's no hope
There's no future
There's no good.

THERE IS FREEDOM
THERE IS PLACE
THERE IS REWARD.

Just wait
and work.




Mi máscara hecha de noche

En una danza sin rostros
lamías con deleite
mi máscara hecha de noche.

De noche antigua ceñida
tu corona de huesos y hojas de granada;
tus manos surcando mis rodillas,
océanos dérmicos acogiendo
la termodinámica del faro.

Lamías con deleite
mi máscara hecha de muerte,
refugiada bajo la capa
de las miradas de los amargos
y de la música del baile.

Del irrefrenable baile de los dígitos
inasibles en pantallas y cuentas pendientes,
de horario y salario dictando el precio
y el pago que ofrendamos
por cosas que
o no tienen valor
o son gratis.

Lamías con deleite
mi máscara hecha
de Vía Láctea,
entre el ruido del mundo derramado
llamando a maitines.

Tu boca está llena
del dulce rocío rosado
desbordado en las comisuras
hasta la barbilla.

Pasan las doce.

Beso tus labios,
como el roble la tierra que alberga
a la bellota,
o la hierba se dobla
en reverencia a su semilla,
con el amor y la gratitud
de la leve agua lloviendo
sobre el inicio de un incendio.

El baile prosigue a 120 revoluciones
mientras nos abrazamos
y te siento a mi lado
queriéndome,
como se quiere al oasis
antes de emprender
el éxodo de las aves.

Sigue el baile
frenético
y nos marchamos en tu calabaza
tirada por ratones
mientras los mendigos beben el pis
que mancha las colillas.

Abro la puerta de mi casa
en silencio, para no despertar al gato;
me giro y, en un último suspiro
veo mi mundo emigrando contigo
como el vapor se eleva hacia nuevos meridianos
y me siento feliz de habitarme
compartiendo junto a ti.

Beso tu frente
con la dulzura de un náufrago
regresando al continente
y te digo;

“Gracias.
Puedes quedarte
siempre que quieras.”

Si durmiera

Si durmiera mataría a un asesino en libertad;
suerte que estoy despierto y que amo a la verdad.
Voy cantando hardcore en medio de la ciudad,
una mierda me importa lo que piense la sociedad.

Porque mi propio hogar he tenido que okupar;
la vida se me ha ido por los designios del Tzar.
No hay alivio, no hay lirio en el solsticio del dolor;
sólo ése sol negro que no sabe alentar calor.

A barrote y puñal, a cadena y botella rota
nos matamos sin piedad mientras la rueda rota;
ojos morados, porrazos y cuchilladas,
quemaduras, radios y tibias fracturadas
a manos de borrachos y policías;
qué de basura hay en nuestros días.

Soneto | Te daré con una barra de hierro

a un asesino en libertad que alegó enajenación


Te daré con una barra de hierro
¡a ti, que eres un vulgar asesino!
Que tiempo ha que torciste el camino
mereces sin duda el más frío encierro.

Tú, que muerdes al amigo, mal perro,
y exculpas tus crímenes en el vino;
deseo halles aciago destino
¡y que nadie acuda a tu entierro!

Tú, que aún te paseas por la calle
después de matar a un mentor y a un padre
a traición, en el vano de su puerta;

mearé sobre tu carcasa muerta.
No te va a perdonar ni tu madre;
ojalá tu vil corazón estalle.

Maldita Tragedia III – Santa María

“Pronto clavé mi duda en dios;
y cómo si huérfano otra vez
me convertí en mi mentor.”

Rafael Lechowski, Cantar y Coser

[…] Mi relación con dios o, más concretamente, con su idea, se vio tempranamente en conflicto. La primera, desde aquella experiencia cercana a la muerte a la edad de 3 años, dónde casi morí ahogado en una piscina en un descuido de la familia. La segunda, con la inevitable separación de mis progenitores a la edad de 9 años. La tercera, con el que fue mi primer y único intento de suicidio, tras el desapego y la tortura emocional de mi primera pareja sentimental a la edad de 15.

Las muertes violentas vinieron luego. Mi padre fue el primero, asesinado en la puerta de nuestra casa por un conocido con el que esperaba iniciar un amable diálogo. El segundo fue mi abuelo, con el cráneo aplastado contra el cristal tras el impacto trasero de un camión; poco pudieron hacer los médicos. El tercero y último, mi mejor amigo, hermano de otra madre, víctima del impacto de una caída voluntaria por un despeñadero tras despedirse de su madre por Whatsapp.

Quiénes digan que el mundo de los hombres no es uno violento, no conoce a los hombres. Jamás he buscado la agresión como primera respuesta, pero la vida, bien temprano, nos enseña que hay que abusar o ser abusado. Lo único que diferencia a unos y otros es quién abusa de quién. Más de una, de dos y de tres veces acabé en primaria y secundaria con los dos ojos a la virulé, por el simple hecho de haberme querido defender. Pero los moratones, desgarros y las represalias de los profesores y de los juzgados que dejaba entre los abusones que se atrevían a cortarme el paso, pronto los disuadió contra toda actividad hostil hacia mi, mis personas allegadas o a ejercer su violencia si yo o uno de mis camaradas nos encontrábamos presentes.

“Así crecí, cómo bestia sin amo;
quién no conoce autoridad
se torna tirano.”

Rafael Lechowski, Cantar y coser

Las artes marciales vinieron luego; en carnavales, en discotecas, en parquings; peleas sucias, con barrotes, con cadenas, con botellas rotas cortando la piel y presionando contra el cuello. El motivo de querer aprender a defenderse resulta obvio. Tras ésta nueva iniciación a la violencia, surgió una nueva etapa; la de, sabiendo emplearla, aprender a cómo no usar de ella.

La Biblia, en especial, el Nuevo Testamento, carece de los ejemplos y de la filosofía necesaria para resistir el abuso de la violencia mediante la lucha. Fue, pues, en las artes y disciplinas taoístas dónde encontré la guía necesaria, especialmente gracias al Shi-Fu Isidoro Parra, a la profesora Mónica Caldeiro y a la maestra Arantxa Rodríguez. Gracias a uno, aprendí las técnicas de las artes marciales shao-lin. Gracias a una más, aprehendí la esencia de la meditación zen, shao-lin y tibetana, la tradición poética del taoísmo y del budismo. Gracias a la última, aprendí las artes y la filosofía pictóricas y de la estética del oriente lejano, así cómo el arte de la comunicación no verbal, mediante abanicos, gestos y, en especial, sonrisas.

Mi idea de dios fué, pues, reforjada desde la idea de su ausencia. Dios había muerto mucho antes de que Nietzsche lo anunciara de manera tan imprecisa pero tan literaria. El oriente, en evolución de antítesis no entendió la idea de dios como una totalidad, si no como una ausencia. Y de la mezcla de ésta totalidad y de ésta ausencia, como el Fausto de Goethe, nos lleva a retornar a las antiguas Madres, a las efiges de Gea, a la idea de la Tierra entendida como ser vivo y la de dios como la totalidad material y energética que la puebla y que da cabida al Universo. El panteísmo de dios como Universo, ya planteado por Spinoza, da lugar a la idea de dios como la suma de la totalidad y de la ausencia de materialidad o de energía. Habiendo demostrado Albert Einstein en la famosa fórmula

E=mc^2

No queda si no concluir que materia y energía tienen una misma fuente. Cuerdas, decían hasta hace poco. Éter, decían los antiguos. Sin duda aún estamos lejos de entender de modo completo y consciente la complejidad de la totalidad y de la ausencia que forman nuestro Universo. Pero en Él, en nuestro ‘Verso, habita nuestra Tierra, que nos ha alumbrado y acoge como especie. Si existe un dios, éste, para mi, es el Universo. Si existe una diosa es, para mi, la roca viva que es la Tierra.

IntroducciónTFGJoanSole3

Cada persona puede y tiene la libertad de elegir como rendirle homenaje a sus creencias.  Para mi, los cánticos antiguos a la Madre de dios, María, me han parecido siempre los más hermosos. Ésta, una de los más anteriores; la Cántiga 100, en gallego medieval del S.XIII y de manos u órdenes del mismo Alfonso X el Sabio, reza:

Santa Maria,
Strela do dia,
Mostranos via
Per a Deus e nos guia.

Ca veer face-los errados
Que perder foran per pecados
Entender de que mui culpados
Son; mais per ti son perdoados

Da ousadia
Que lles fazia
Facer folia
Mais que non deberia

Santa Maria,
Strela do dia,
Mostranos via
 Per a Deus e nos guia.

Amostrar-nos deves carreira
Por gaar en toda maneira
A sen par luz e verdadeira
Que tu dar-nos podes senlleira;

Ca Deus a ti a
Outorgaria
E a queria
Por ti dar e daría.

[…]


 

Que la luz sea con vos en la Senda, en tanto la senda sea con vos hacia la Luz.

Carlos Buenaventura Durruti

Sant Salvador (Tarragona) 7 de Mayo de 2020

Maldita Tragedia II – Centro del Universo

“Humilde flor erguida en el hueco de un muro,
la dicha de ser tu misma te basta
para hallarte en el centro del Universo”

Te preguntarás, sin lugar a dudas, a que se deben, hermano, éstas tercas líneas que por enésima vez te mando. El hecho de escribirte, tanto da recibas, leas o puedas responder a éstas misivas, adquiere para mi un factor liberador, estructurante, capaz de poner orden tras el lugar dónde se haya la fuente de los delirios y de las visiones que siempre supimos compartir. Tras tu partida, hermano, a habitar tierras que bañan otras orillas, éste lugar ha perdido una importante parte de su brillo, de su encanto, de una esperanza que sólo con esfuerzo, a veces con algo de ayuda, consigo mantener.

Te preguntarás, pues, decía, a que se deben éstos opúsculos, que, si lees, soy consciente no lo harás sin cierto rencor, sin una moderada suspicacia ni sin la inevitable saudade que suscita el recuerdo de aquello que fue, es y será amado. Te constato, pues, desde el principio, que mis intenciones no son si no las que siempre he tenido; las de un leal amigo que sólo desea tu dicha y tu bienestar. Tal vez nuestras circunstancias no siempre hayan sabido llevarnos a un terreno común, hermano, pero si de algo no tengo duda, es de haberte amado y de haber sentido el amor proviniendo de ti.

Y, en lo que el amor se refiere, las afecciones y efectos no conocen del tiempo tanto como lo conoce un cuerpo en movimiento, acelerando en un desplazamiento rectilíneo. No; las cosas de la idea del amor, cómo lo son las cosas de la idea de dios, las constituye un material que es difícilmente mesurable mediante la composición total de nitrógeno, carbono, oxígeno e hidrógeno, así como otros elementos, en un cuerpo vivo.

La constituye la materia del alma.  La misma que forma el tejido espaciodimensional de nuestro Universo. El éter inmaterial que mentaban los antiguos. Y quiénes más masa inmaterial, más éter, más, tal vez, materia oscura acumula bajo nuestra perspectiva, se convierte en el centro de nuestro Universo, cual si las águilas de Zeus hubieran depositado en ésta persona la roca que señala el ombligo del mundo.

Sé, hermano, que ella nos separó de una forma cruel. Sé que ignoré tus advertencias, sé que, bajo su influjo, acabé transmutado temporalmente en agente del odio. Era consciente de mi transformación desde antes que ocurriese pero, amado amigo, no hay renacer sin primero pasar por un bautismo de fuego. Ella, el áurea aura que destilaba mi cerebro, cual generador de campo magnético, cual bobina de Tesla en su presencia pronto tornóse, bajo sus abusos, en un irado, entristecido y odioso ser que propició tu pronta partida de éstas tierras y a nosotros, a tus amigos, a añorarte.

Te ruego si fuera posible me escribas, o si no a mi, a tu madre o a tu padre. Sé que Ansgar lleva tiempo pensando en ti, como lo hacen Ángello y Bernardo. No puedo llevarles a todos y todas yo sólo a la luz que no ciega, hermano; te necesitamos. El mundo te necesita.

Parto de vuelta a Grecia para preparar la escala de la brigada hacia Idlib, Siria. No podré si no desear que quieras unirte a nosotras y nosotros en ésta expedición que, cual argonautas o mirmidones, nos disponemos a realizar.

Cuídate, hermano. Que la luz sea contigo en la Senda, en tanto la senda sea contigo hacia la Luz.

Feliz cumpleaños.

Firmado:

Carlos Buenaventura Durruti

Sant Andreu de la Barca (Barcelona) 12 de abril de 2020

Maldita Tragedia I

“Vamo’ a mantenerlo callao’
Nosotro’ seguimo’ enganchao’;
Avísale a cupido que mandé a la mierda el ego
Y hace tiempo cambié las reglas del juego.”

Un recuerdo ajeno a toda mota de tristeza, de ira y del odio carece de toda la gravedad que le confiere el peso psíquico del recuerdo. Perdimos la Comedia de Aristóteles, irremisiblemente pese a El Arte nuevo de hacer comedias en este tiempo de Lope de Vega; la Tragedia tiene una mayor impronta en la memoria colectiva e individual de las y los individuos de occidente.  Éste concepto abstracto, el de la memoria, sea subjetiva o colectiva, así como la tensión y el dolor acumulados tienen su consecuencia psicosomática; es decir, que aquello que en la mente ocurre, también ocurre en la fisicalidad de aquello que compone el cuerpo.

Ésto se manifiesta de continuo en el tránsito de la energía eléctrica mediante la sinapsis neuronal. Aquellas sendas neuronales asociadas a los recuerdos a los que hemos ligado tensión o dolor, ya fuera físico, psíquico o emocional, pueden llegar a colapsar o bloquear un camino de la sinapsis que nos trajo gran felicidad, por el hecho irrefutable de que fuera doloroso, incómodo o avergonzante. Si entendemos los senderos entre neuronas como hilos de mielina dónde ocurre la transmisión electromagnética, éstos bloqueos y colapsos pueden, metafóricamente, adquirir el aspecto de nudos. Éstos nudos, tanto neuronales cómo psíquicos, pueden deshacerse, con calma, paciencia y ánimo sanador por cualquier persona que lo desee. No siempre es necesario cortarlos; no hay truco, no hay misterio, no hay ritual.

Sólo es necesario conocer a sus demonios, y dejarlos salir a pasear.

Usted, sí, usted, puede hacerlo por su cuenta, si sabe beber de las fuentes apropiadas. El Santo Grial, la gran búsqueda, el tesoro escondido, el Nirvana, el Edén, el Paraíso, Zyon, no importa cómo queramos llamarlo. Yo prefiero el término de Parnaso. Ése desapego a la propia genialidad que, cómo Becquer y otros tantos maestros, mantiene quién se sabe ya se ha ganado la inmortalidad. Y de la inmortalidad hablamos, de lo único que merece la pena en ésta vida; trascenderla. Por ello, se mediante el arte, la ciencia, el deporte o el amor;
trascendamos.