Volverme

Hoy voy a volverme canción;
el ritmo lo marca el viento
que recorre mis adentros
y siempre nace del pulmón.

Le da fuelle una pasión
cómo la fragua de Hefesto;
eterna es la transición
de aprendiz a maestro.

No quedará ningún rincón
que esté a salvo del tiempo;
le auguro un fin funesto
a cada cual por su traición.

Tripas rugen, corazón;
siendo tenue tu lamento
se eleve al del tormento
que sufres en tu razón.

En cada abrazo el misterio
de traer a la vida calor,
llenando de jilgueros
y verde el paisaje sin color.

Resisto cómo el Vietkong
ante el poder de un imperio
creando con éste amor
que llevo de uno a otro hemisferio.

Roberto Abelardo

Despierta

Hay heridas que llegan a las venas
aunque la piel nueva haya borrado
las cicatrices.

Hay heridas que no se ven
en tanto hay voces que articulan
sin labios,
en tanto hay imágenes
que no ha plasmado ningún pincel.

Hay una sonata que aún nadie ha compuesto
cada vez que la brisa agita
las copas de los árboles.

Hay una sonrisa que te espera
y una ocasión de ser amable
cada mañana.

Para ver
sólo hace falta
abrir los ojos,

pero,
y si de verdad quieres ver,
primero has de decirte:

¡despierta!

R.

Debilidades (Soneto)

Por verme incapaz de mis emociones
dominar, a quiénes yo más quería
dañara aunque no se lo merecían.

En mi noche eterna no amanecía
los labios teñidos de sinsabores;
pródigo antes fuera yo en mis amores
y ahora sólo soy planície baldía.

Más aún habrá de llegar el día
en que regresen de nuevo los colores,
en que alegren otra vez los cantores
cómo antes de todo ésto solían.

No pido ni ruego que me perdonen
libres somos cómo los ruiseñores;
sólo hace falta decirse: confía.

Roberto Abelardo

De cordeles (Soneto)

Contemplando roja la luna llena
te he visto volando en tus alas de papel,
asomado desde mi torre de Babel
al balcón desde el que arrojo mis penas.

Lo sé, soy un peligro y un problema;
un bello monstruo me habita bajo la piel,
pero en los muros de mi templo eres pincel
que sutilmente da forma al poema.

No hagamos caso de las señas del cartel;
nuestros cuerpos peregrinos son del bajel
que impulsa la sangre en nuestras venas.

No queramos vivir una condena;
sepamos vivir la existencia plena
si desotro somos la guía del cordel.

 

Roberto Abelardo

Fluyendo

Ha nacido en éste invierno una luz en el Averno,
un continuo que es eterno y tan mutable cómo el viento
al recolectar lamentos, al llevarse lo que siento
en mi sino sabe haciendo tantos trazos en el lienzo.

Hoy las puertas se han abierto; el mundo estalla en su concierto
mi vergel abraza al yermo cómo el alma llena el cuerpo.
No hay fracaso, no hay acierto; que espere posado el cuervo
que si hay algo de cierto haré ésto hasta hallarme muerto.

En mi sangre está la sal que aliña la instrumental
haciendo de la espiral mi camino hacia el final;
hoy nos toca hacer el mal, hacerle caso al animal
y que el latido sea el timbal, inquebrantable sea el cristal.

Lejos de tu festival, inmerso en la estival
labor de mi rima existencial, hago de mi energía vital
el más sagrado vial, mi fragmento del Grial;
que jamás me pondrán bozal hasta el día de mi funeral.

Robestrébol

Sendero a Eleusis (Soneto)

Cada día me visita la muerte
y de su atención constante soy reo;
tanto poner en duda lo que veo
ha hecho de mi razón una más fuerte.

En mi mente los demonios son hueste
y andan tras de mi en todo lo que creo;
sin dar por cierto todo lo que leo
busco el camino que lleve a la fuente.

Vengo siguiendo las huellas de Orfeo
dónde reposa mi trino, el solfeo
siendo del bien en el mundo aliciente.

Está en mi destino el ser valiente;
ser uno mismo siempre es suficiente
mientras del aire las rimas moldeo.

Robestrébol

Aprendiendo (Soneto)

No sé si soy yo que ya no confío
o que al fin he aprendido a ser paciente,
a ser la llama que el ánimo aliente
luz encendida adentro del estío.

Éste cuerpo mío es mi navío
y tiene por capitana mi mente;
lo tripulan el sudor de mi frente
y ésta sangre que aún añora los ríos.

Servirá éste verso para el doliente
y aún con éste otro el indolente
sabrá su fuerza llenarse de brío.

Guardemos la memoria del olvido
cual ése destello fugaz y esquivo
en que fuimos felices, solamente.

R.