El vello es bello

Ella esbozó una sonrisa de disculpa antes de contestar el teléfono. Normalmente me aburren hasta la saciedad las mujeres que no pueden disfrutar de una velada sin andar pendientes del móvil, pero decidí no precipitarme. Tomé un sorbo de la copa de vino blanco y, acomodándome, entrecerré los ojos y me dispuse a observarla con disimulo.

Sus labios se movían al compás de la respiración, de las sílabas exhaladas en cada palabra hablada. Mi mirada se perdió un momento en las tonalidades del rosa, en el brillo mate de cada una de sus leves hendiduras. Me quedé un instante prendado del sonido de su voz, en una reminiscencia transcurrida apenas una hora antes.

Me pareció verla de nuevo cantando Fly me to the moon en el Synatra’s. Las lágrimas me corrieron por las mejillas la primera vez que se la oí cantar; desde entonces, cada viernes, bajaba puntualmente a cenar a Barcelona, sólo por el placer de estar con ella.

Y ella, cada viernes, me dedicaba la misma canción.

Pasó un mes y medio antes de que reuniera las agallas para pedirle una cita. Nos habíamos hecho amigos y habíamos tenido tiempo de conocernos. No mucho, pero sí lo suficiente.

Lo suficiente para saber con quién estaba hablando.

Ella dejó el teléfono y volví a la realidad.

–Disculpa, me ha tomado mucho rato…

–No te preocupes, no ha sido nada. ¿Era tu madre?

–Sí, anda bastante intranquila desde la operación.

–Sé lo que es eso; a mi padre lo operaron hace poco y tuve que pedirme un permiso en el trabajo. Te juro que se comportaba como un niño pequeño.

Ella esbozó una sonrisa algo más animada.

–Justamente, se porta cómo una niña pequeña. Mi padre está que no la soporta.

–Debe de ser una constante, un paradigma de lo más humano; aquellas experiencias que intervienen de ésa manera en la vida acercan la mente de la persona a un estado más primigenio.

–¿Cómo si la conciencia de la muerte nos acercara más al deseo de vivir?

–Yo no habría sabido decirlo con mejores palabras.

La velada transcurrió por derroteros menos filosóficos pero más placenteros. Antes de que me diera cuenta, la cuenta estaba pagada y habíamos llegado al portal de su casa.

–Creo que mi compi de piso no estará ésta noche; ¿quieres subirte un rato y nos hacemos un petilla?

–Dile –dije, esbozando una sonrisa picarona.

Era la segunda vez que me invitaba a su casa.

–Ten –dijo, una vez hubimos entrado, pasándome un chivato con un poco de hierba –. ¿Porqué no lías uno mientras me pongo un poco más cómoda?

Me apliqué en mi tarea mientras ella entraba en su cuarto. En un momento tenía el canuto listo encima de la mesa; sintiendo un poco de calor, me desabroché el tercer botón de la camisa. Me la estaba recolocando, cuando ella apareció y se sentó en el sofá, dejándome sin aliento.

Llevaba puesto tan sólo un ligero camisón que transparentaba cada contorno de su figura. La mirada se me fue a sus largas y esbeltas piernas, salpicadas de un corto y oscuro vello. A medida que mi vista ascendía por encima de sus rodillas hasta la parte visible de sus muslos, no podía si no preguntarme si también habría ése vello en otras partes de su cuerpo.

–¡Buf! Hace mucho calor, ¿verdad? Sólo tengo ésto que sea fresquito, pero me da un poco de vergüenza.

–¿Y porque iba a darte vergüenza?

–Porque no me he depilado.

–No debería darte vergüenza; hay hombres que encontramos sexy el que una mujer sepa ser natural.

–¿Dices, entonces, que te gustan las mujeres peludas?

–Los seres humanos somos relativamente peludos; yo sólo digo que en ti lo encuentro sexy.

–¿Y que más cosas de mi encuentras sexy?

Durante un segundo, me planteé si responder a su pregunta con palabras. Sentía su cuerpo, fresco en la calidez de la noche junto a mi.

Que demonios; las cosas o se dicen o se demuestran.

Me acerqué a ella con la ligereza con la que un felino acecha entre las hierbas. Posé mis labios en los suyos, adentrándome en la humedad de su boca, en el sabor de su saliva recorriéndome la lengua, en los dientes arañando con picardía las comisuras. Acariciaba el suave vello de sus piernas, subiendo apenas un centímetro más arriba en cada pasada, hasta llegar al borde inferior de su camisón.

Allí me di cuenta de dos cosas.

La primera; ella no llevaba puestas las bragas.

Y la segunda; mis suposiciones habían sido correctas.

Esbozando una sonrisa no exenta de malicia, desplacé el recorrido de mis besos hasta hacerlo coincidir con el vello que había estado oculto tras la falda.

Había llegado el momento que había estado esperando.

Le iba a lamer el coño hasta que acabara saliendo Freixenet, pero a chorros.

 

Robestrébol

El arma más poderosa

La poesía es
el arma más poderosa
del mundo.

Ha alumbrado
el origen
y el misterio
incluso
a los propios dioses.

Desde tiempos remotos
de noches sabor a hoguera
y amaneceres
y cenizas
vienen los poetas
dando forma a lo inmutable.

Con éste arma
al que llamamos palabra
se ha escrito
el mito
la leyenda
la historia

se ha erigido
el templo
la urbe
la memoria.

De la poesía nacieron
el cielo y el infierno
pues el poema nace
en la herida de lo invisible
y no se escribe
ni con tinta
ni con plumas
sino
con sangre de alas.

 

Robestrébol

Letrilla a una mujer obrera

¡Olé las mujeres con monos de trabajo!
Las que le ponen ganas en casa y en el tajo;
hay una en especial que dice que soy majo
y yo quiero verla cómo madre la trajo.
Ruego que me diga si hay algún atajo
me indique el andén, que del tren me bajo.

Robestrébol

Búsquedas (Soneto)

Ando en búsqueda del verso perfecto,
de las rimas más sublimes y bellas
del alivio que en la herida haga mella;
de entre lo exquisito, lo más selecto.

Tierno y constante soy en mis afectos:
sólo tengo por guía de mis huellas
la luz ciega que emana de mi estrella
y que siempre indica el camino recto.

Quién saber quiera ha de parar la oreja
pues a todo mal se encuentra solución;
por haber vivido un día cómo león
¿quién no diera sus cien años de oveja?

Teniendo en nosotros la fuerza de un tifón
¿quién trueca las alas por unas rejas?

 

Robestrébol

 

Escultura; Enfonsar els 20 dits a terra — Joana Serra

 

Ascesis (Soneto)

Iluso es quién confía en las promesas
en que unos besos dados a escondidas
alivien el sinsabor de la herida
prendiendo en fuego todas las pavesas.

La naturaleza humana es aviesa;
posee constantes hambres de vida
y la nuestra ha sido concebida
según a lo que más nos interesa.

Día tras día en mi esfuerzo porfío
desde que al regresar del mar Egeo
se quebrara el mástil de mi navío.

Llobregat abajo lanzo mi envío;
aún si estoy trabajando en el museo
ya sólo de mi musa soy correo.


Robestrébol

Haiku XL

Río de hormigas
bajan por el tronco
lágrimas negras.


Robestrébol

Toma de conciencia (Soneto)

Sé tan poco sobre ti… Me doy cuenta
de que es mi propia imaginación
aquella que ha inspirado en mi visión
el saberte nacida de la tierra.

Tan sólo es humano aquél que yerra;
no hay logro alguno en querer volverse el mejor
si no en crearlo todo poniéndole amor
alfombrando el valle desde la sierra.

Arde en mi una llama inextinguible
de mi fe aliento y fervor de mi celo
bien natural en un alma sensible;

Mas es en ti en quién pienso cuando al cielo
alzo la vista clavada en el suelo:
amarte es para mi igual a ser libre.

Robestrébol