Confesión y peregrinaje (Soneto)

Amiga; de decirte lo que siento
ha llegado la hora: la de la verdad;
el momento de renunciar a la heredad
y de esparcir sus restos en el viento.

Bien sé que toda tú eres un templo;
eres las luces que iluminan mi ciudad,
de verdes bosques la temprana humedad
la constante que transita en mi tiempo.

Soy mero peregrino, un viajero
en camino hacia ti, que eres mi Meca,
pues no hay en mí afecto más sincero
que aquél que de mi amor por ti se trueca.

Por ello mismo, no hay mella en mi esmero;
por ti haré sonreír todas mis muescas.

Robestrébol

En esta vida (Soneto)

No hallaba ya en esta vida consuelo;
ni en la pasión de los breves amores
capaz era de distinguir colores
tan hundido como estaba en el duelo.

Cayera de mis pupilas el velo;
no renta esperar a tiempos mejores
pues sólo otorga aliento a los rencores
el tener alas y no alzar el vuelo.

Soy tan solo —al fin y al cabo— un mero mortal
que anda en esta senda sin dios ni amo
mientras aguardo el día de la hora final:

en esta vida somos lo que damos;
aún si nos quebramos —cómo lo hace el cristal—
pleno será el mundo en versos y ramos.

Robestrébol