Volverme

Hoy voy a volverme canción;
el ritmo lo marca el viento
que recorre mis adentros
y siempre nace del pulmón.

Le da fuelle una pasión
cómo la fragua de Hefesto;
eterna es la transición
de aprendiz a maestro.

No quedará ningún rincón
que esté a salvo del tiempo;
le auguro un fin funesto
a cada cual por su traición.

Tripas rugen, corazón;
siendo tenue tu lamento
se eleve al del tormento
que sufres en tu razón.

En cada abrazo el misterio
de traer a la vida calor,
llenando de jilgueros
y verde el paisaje sin color.

Resisto cómo el Vietkong
ante el poder de un imperio
creando con éste amor
que llevo de uno a otro hemisferio.

Roberto Abelardo

#39 3 Liras a los propios dioses

No es, tan sólo, el deseo
lo que anima mis dedos a rozar tu piel;
es guardar de tu cuerpo
la dúctil memoria del ser,
la forma primera en que aprendemos a ver.

No son sólo los labios
ni son unos besos encendidos el amor;
es la senda del sabio
es, en la fuente, el sabor
a un río profundo que corre entre los dos.

No es solamente el sexo
motor que en el ser enciende llama y pasión;
es labrar pleno el nexo
aventurarse sin temor
andar juntos sendas más antiguas que dios.

Robestrébol

Nací para tumbarte sobre un lecho de flores

Vinimos a éste mundo por cósmico

azar, cómo confluye lo minúsculo,

indistinto a los faros del crepúsculo,

cuando, eterno, impulsa su fulgor crónico.

Dentro esotro hallarnos, milagro entrópico;

amando, aún cuando no arriben opúsculos.

Sublimas, vida, en cuánticos grupúsculos,

curva alegría del destino homónimo.

Sí; nuestra luz partirá de las córneas,

de regreso a los astros y sus órbitas,

acopiada en cien estaciones cíclicas.

Más ni el eterno sueño, ni las óseas

lagunas, ni mil maldiciones órficas

podrán con éste amor de fuentes místicas.

ευθεια οδος

εγώ πλέω τους πόνους μου γράφωντας αμαρτίες.
Αναπνέω γιατι ειμαι ελευθέρος.
Διαβάζω βιβλία, επειδή θέλο να ανάψω το φως μου.
Δεν ειμαι κλεφτής.
Εγώ ειμαι ένα παιδί, ένα παιδί που παίζει το τελευταίο παιχνίδι της ύπαρξης.

Rezos a la luz del Alba; Poemas del espíritu bastardo I

Inmerso en las labores de los días

Y lo incierto de las noches sin rumbo,

Mi lamento ahogo en lo más profundo

Del ponto, agua oscura en que me hundía.

 

Saliendo del ojo, ¡Oh gota salina!

Ya relegado a la sombra el escudo,

Luz de albor, tornas en cristal el muro

Y engendras de la savia otra semilla.

 

Mas, cuando en embudo, abisales simas

Desde los cielos se ciernen, y el mudo

Grito atrona y tortura, a ti acudo,

Mi dulce centro, ofreciendo éstas rimas.

 

¡Oh luz primera! Traéme en ésta vida

Lo que no aguarda tras el sueño oscuro;

Pues del gris al negro tiende el futuro

Si el alma se hace árida en la huida.