Al mirarnos (Soneto)

Al mirarnos fue cuando empezó el juego;
dulce cantabas, cual gata traviesa,
tornando en una hoguera mis pavesas
de tanto que en mi avivas el fuego.

Cual seña dada en respuesta a mis ruegos
hálito eres, de vida que embelesa,
cuando el mundo otra vez interesa
y -áureo- dora el Sol de nuevo el espliego.

No habrá de girar por siempre la rueda
ni habrá de quemar por siempre la brasa
ni siempre habrá de ser suave la seda:

mas sé que. tras puertas y tablas rasas.
siempre estará la senda en la vereda;
que en llevándome a ti, tráeme a casa.

Robestrébol

En esta vida (Soneto)

No hallaba ya en esta vida consuelo;
ni en la pasión de los breves amores
capaz era de distinguir colores
tan hundido como estaba en el duelo.

Cayera de mis pupilas el velo;
no renta esperar a tiempos mejores
pues sólo otorga aliento a los rencores
el tener alas y no alzar el vuelo.

Soy tan solo —al fin y al cabo— un mero mortal
que anda en esta senda sin dios ni amo
mientras aguardo el día de la hora final:

en esta vida somos lo que damos;
aún si nos quebramos —cómo lo hace el cristal—
pleno será el mundo en versos y ramos.

Robestrébol