Ando cansado de tantos prejuicios (Soneto)

Ando cansado de tantos prejuicios
de que los otros condenen mis vicios
hoy cierro puertas, no dejo resquicios;
disfruto de lo que me haga servicio.

Qué importa si el tuyo son los auspicios
o la creencia de que hay un inicio
tras todo fin, o de que en los solsticios
más fuertes son los vivaces indicios;

vive tu vida sin causar perjuicio
salvo a aquellos que gusten del suplicio
y haz del cariño tu mejor oficio;

no te dejes arrastrar por sus juicios,
pues son, en relativa, tan ficticios
cómo los sueños con que me desquicio.

Roberto Abelardo

Fluyendo

Ha nacido en éste invierno una luz en el Averno,
un continuo que es eterno y tan mutable cómo el viento
al recolectar lamentos, al llevarse lo que siento
en mi sino sabe haciendo tantos trazos en el lienzo.

Hoy las puertas se han abierto; el mundo estalla en su concierto
mi vergel abraza al yermo cómo el alma llena el cuerpo.
No hay fracaso, no hay acierto; que espere posado el cuervo
que si hay algo de cierto haré ésto hasta hallarme muerto.

En mi sangre está la sal que aliña la instrumental
haciendo de la espiral mi camino hacia el final;
hoy nos toca hacer el mal, hacerle caso al animal
y que el latido sea el timbal, inquebrantable sea el cristal.

Lejos de tu festival, inmerso en la estival
labor de mi rima existencial, hago de mi energía vital
el más sagrado vial, mi fragmento del Grial;
que jamás me pondrán bozal hasta el día de mi funeral.

Robestrébol