Llegó la hora de ponerse chulo (Soneto)

Ayer noche, en el célebre club Cronopios de Barcelona, se celebró una competición en la que se coronaba al peor poeta cómo campeón de la estética de la fealdad. Compuse, para la ocasión, uno de mis más malos y feos sonetos; espero que, igual que a los asistentes del evento, os haga sufrir un poco.

De nada.


Reconozco que en mi interior basculo:
muy poco hay que en realidad me importe;
no poseo ingenio ni un noble porte
y siempre me deslomo cómo un mulo.

Del amor no me trago ningún bulo;
muy poca gente siento que me aporte
la pasión que impulsa cómo un resorte
a mi sangre a salirse de su zulo.

Llegó la hora de ponerse chulo;
no quiero junto a mi a ningún consorte
ni a ninguna falaz dama de corte
que sólo piense en hacerse los rulos.

Jamás, ni por nadie, pierdo ya el norte
y, claro, mucho menos por tu culo.

Robestrébol.

En esta vida (Soneto)

No hallaba ya en esta vida consuelo;
ni en la pasión de los breves amores
capaz era de distinguir colores
tan hundido como estaba en el duelo.

Cayera de mis pupilas el velo;
no renta esperar a tiempos mejores
pues sólo otorga aliento a los rencores
el tener alas y no alzar el vuelo.

Soy tan solo —al fin y al cabo— un mero mortal
que anda en esta senda sin dios ni amo
mientras aguardo el día de la hora final:

en esta vida somos lo que damos;
aún si nos quebramos —cómo lo hace el cristal—
pleno será el mundo en versos y ramos.

Robestrébol

Liras a una amiga en la tercera cita

Son tus ojos dos islas
de bosques verdes en mares azules;
tus labios las orillas,
tus senos los taludes
de la sierra que viento y lluvia eluden.

De espigas la diadema
que tu sabia y dulce testa corona.
Eres alta y serena;
cual luz del alba asomas
al bajarte de tu hogar en la loma.

Me gusta tu sonrisa,
tus tiernas manos que -con disimulo-
el brazo me acarician
cuando al baño circulo
y te alejas; yo ando absorto en tu culo.

Robestrébol