Plaño en alejandrinos

Cada instante se ha tornado en un momento extraño;
deshecho en pedazos, recompuesto, inmune al daño
prevalezco; prosigo el camino hacia los truenos
pisando la sombra del mañana, voy sin frenos.

Y es que todo en conjunto sigue igual, cómo antaño;
el mundo será ajeno a la pena que entraño.
quiere a quién te quiera; es el lema de los buenos,
por todos aquellos que siempre echaré de menos.

Resistir o vencer; no hay opción en la derrota;
igual que las moras dentre las espinas brotan.
Acepto libremente el peso de mi destino,
libre de la carga del dudar de mi camino.

Verás mi sonrisa aunque tenga el alma rota;
una llama encendida en mitad de un mar de gotas.
Un ente en la senda del Parnaso y del olvido
en camino a reunirse con los que ya han partido.

Dejo en manos del tiempo lo que mis dedos no alcanzan.
Hace un mes que te has ido y no pierdo la esperanza
de volver a verte, amigo, al final de éste sendero;
libres del dolor y de la pena, o así lo espero.

R.

Llegó la hora de ponerse chulo (Soneto)

Ayer noche, en el célebre club Cronopios de Barcelona, se celebró una competición en la que se coronaba al peor poeta cómo campeón de la estética de la fealdad. Compuse, para la ocasión, uno de mis más malos y feos sonetos; espero que, igual que a los asistentes del evento, os haga sufrir un poco.

De nada.


Reconozco que en mi interior basculo:
muy poco hay que en realidad me importe;
no poseo ingenio ni un noble porte
y siempre me deslomo cómo un mulo.

Del amor no me trago ningún bulo;
muy poca gente siento que me aporte
la pasión que impulsa cómo un resorte
a mi sangre a salirse de su zulo.

Llegó la hora de ponerse chulo;
no quiero junto a mi a ningún consorte
ni a ninguna falaz dama de corte
que sólo piense en hacerse los rulos.

Jamás, ni por nadie, pierdo ya el norte
y, claro, mucho menos por tu culo.

Robestrébol.