Improvisación en Coplas | Ventanucos

 

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Contrario al Estado,
contra la Sociedad,
contrario a la Iglesia
escupo mi esputo;

Cual cinta de Moebius
si me tuerzo, me enruto.
¿qué si las satirizo
con crudeza 
y lo disfruto?

Yo en las Ardenas
enfrentando un Panzer;
tragando arena
para paliar el hambre.

En el bautismo del fuego
gritarán mi nombre;
si en éste desierto
me encuentro con otro hombre.

No soy ningún puto
ni tampoco un loco;
pero éstos abusos
no me matan por poco.

Pues soy adicto al uso
de la risa en lo serio,
la fuente de mi fuerza
quedará en el misterio.

Más no es por pereza
que no revelo el truco;
es cuestión de entereza
que no ceda el ventanuco.

Soy diabólico y divino; puro.
Mi labor siempre es a futuro;
hacia el reposo y el Parnaso
éste mi fiel sendero auguro.

Robestrébol

Clamor – Coplas en clave de rap

Se persona Corocota
¿dónde está la recompensa?
Si llenas la armería
vacía queda la despensa.

Sé que soy un genio
sin hacer el test del MENSA
porque sé que solo el bien
en ésta vida te compensa.

Piensa, tu acción
determina la consecuencia;
has de pensar, hablar
actuar en correspondencia.

Yo edifico un puente
entre las artes y las ciencias:
es en el punto medio
el despertar de la conciencia.

Pues si sólo somos
energía quieta y densa
¿cómo es que ésta luz
en los vitrales se condensa?

Es que en la unidad
se basa la resilencia;
el camino y la armonía
te otorgan la consistencia.

Quiebro con tristeza
la veda en la no-violencia:
no toleramos el abuso;
va contra de nuestra esencia.

Fieras en el asalto
aún más firme la defensa;
como el rayo en el Tunguska
somos pura energía intensa.

El cariño en lo que quieres
sacrificio y paciencia;
las vías de la tribu
se abren de manera inmensa

Misma senda, unidas,
unidos en fe, pasión y ciencia.
¡Los tribunos de la plebe
invocan a la resistencia!

-Corocota

Sed de tu carne – Rafael Lechowski (Quarcissus, III acto , VII escena)

Hoy me ha sido dado recordar una sabia máxima: en crear está la mitad del disfrute; la otra mitad está en compartir. Por éso, hoy me tomo una pausa en el proceso de crear, y me decido a compartir a mis referentes. Por ahora voy a centrarme, en exclusiva, en los escritores y escritoras que todavía siguen con vida; no sea que un día nos coja demasiado tarde para hacerlo.

 

Corría el año 2002; yo todavía me encontraba en la escuela primaria. Recuerdo que en aquellos tiempos hubo una especie de cataclismo en los patios del colegio; en cuestión de días, habíamos dejado de jugar a los juegos de siempre o a los que la moda dictaba. En vez de éso, podían verse pequeños corrillos en torno a un discman que alguien había traído al colegio; a veces, con un poco suerte, las monitoras del colegio hasta nos prestaban un reproductor portátil para poder escuchar sin las limitaciones de los auriculares.

Y es que, por vez primera, el rap se había adentrado en el patio de nuestra escuela, y jamás lo abandonó mientras seguimos estudiando en ella. No pasó mucho tiempo hasta que un amigo me mostrara Me gustan gordas, el primer tema de Rafael Lechowski que jamás escuchara, y del que rescato aquí dos versos:

Mira, esquelética, no hay ética en tu crítica;
Me gustan celulíticas y eso es lo que te pica.

Con el paso del tiempo, pude apreciar cómo el factor Bukowskiano de Lechowski evolucionaba a otras fronteras. Con Donde duele, inspira y su posterior reedición en formato jazz, éste artista hispano-polaco alcanzó, en mi opinión, una cumbre nunca vista en el panorama del rap peninsular.

Sin embargo, las metas de Lechowski distaban mucho de estar cumplidas. Tras la publicación de su primera antología La larga brevedad, éste 2019 ha visto culminado uno de los más ambiciosos proyectos que se hayan llevado a cabo en las últimas décadas.

Quarcissus es obra y fruto de años de trabajo por parte del autor y de los músicos que con él colaboran. Un álbum dividido en cuatro actos, dónde se encuentra la desgarradora y liberadora historia de un hombre que trata de encontrar el auténtico sentido de la existencia y de la misma vida. Una obra que sólo podría clasificar como ópera rap, dónde se presenta una narración interpretada y versificada con maestría, desde la narradora hasta el protagonista.

Dejo el enlace a su álbum un poco más abajo; antes quisiera compartir éste pequeño extracto en el minuto 46.20, la escena VII del III acto; Sed de tu carne.

 

Sed de tu carne – Rafael Lechowski

(A sus espaldas, la casa y el árbol; delante, un camino luminoso)

Me obstiné en olvidarte;
pero al alejarme de ti en el camino
me hice más pequeño y tú cada vez más grande.

Pero ya no tengo sed de tu carne:
conforme mi interior se llenaba de luz iba palideciendo tu imagen.

Las flores dejaron de exhalar tu aroma,
el propio dolor ha dragado el recuerdo y el silencio ha dejado de hablarme.
Ya no tengo sed de tu carne:
y no por ello te amo menos; ahora te amo más todavía, si cabe.

Igual que lo amo a él, pues amo al mundo como una sola vida;
al universo como un enorme corazón palpitante.

Ya no tengo sed de tu carne:
del desamor salí con vida,
pero de este Amor nuevo que nada me salve.

 

 

 

Espero lo podáis disfrutar, si se da la ocasión. Un saludo.

Robert Cirhian

firma

#6

Poema rítmico nacido a la luz de la vela en la madrugada; deseo se deje disfrutar al menos un poco.


Vela en la madrugada

 

Soñé un lugar pretérito a tu lado

realidad quebrada

        —núcleo desolado—

—estabas tan bella besada por la Luna…

 

Soñé tu voz

cantándole nanas a una cuna

 

Llamas fátuas en la bruma,

disueltas —una a una— esperanzas

éste yermo será mi campo de labranza.

 


¿Cómo hacer el olvido?

Si lo vivido contigo ha dado a mi ser

pleno sentido.

 

Hoy el viento sólo llena el cuenco del verde rocío del Leteo.

 

Me hago furia inmensa, Etna hacia el techo;

piensa el cora querer sacarse del pecho

hecho trizas.

 

Bajo la escalera, de las alturas a las que el amor

me lleva;

mi sino, mi condena acepto

embrazo la locura —faro oscuro— en el adentro.

 

Luciérnagas ama el gusano —ciego—

al tomarlas por estrellas;

mis huellas borrándose en la nieve,

más en éste cielo azul el Sol

se alza en lontananza en la cima de la montaña

—abandonados los enseres entre las cañas—.

 

Lleno de amor por el mundo

te guardaré en lo profundo del alma

mientras hago de éste mundo uno que valga la pena

para los hijos que un día tengas,

aunque no haya de ser

 

conmigo.

 

Porque yo ya a nadie

condeno;

mucho menos a llevar mi sangre maldita

en el vientre.

 

Sopla, aire helado sopla

enfría en mis labios el calor de sus besos.

 

Por éso alzo el vuelo lejos, entre las tejas

en la sombra de mis alas se disciernen rejas,

en el caldero que me dio la bruja hundo la brújula,

natura esdrújula para éste juglar errante,

por hogar;

camino.

 

Merezco perecer

sólo,

más deseo yacer

en compañía de lo amado;

hoy recojo la flecha que arrojé sin cuidado

que fuera de la vista hizo sangrar

al hado.

 

Brotan margaritas del páramo helado

la primavera anuncia su llegada entre libélulas y lágrimas

del hielo.

Ahora sonrío, ya sin velos

ya, sin verlos.

 

La aurora ausente besa

la vela encendida en la madrugada;

va haciéndose llano el camino de bajada.

 

Siento fénix

las cenizas del Ícaro que fui;

seguiré dando gracias a la vida, ahora y siempre

por ti.

 

R.

Improvisación Sensnom I

Me libero del juicio inoportuno del lamento,
bajo el árbol medito, me transmuto en lo que siento
siendo uno con el viento, no borrará jamás el tiempo
la verdad que habla a través del sentimiento.

No te miento, el miedo enfrento en medio
del abismo; no hay espejo, soy yo mismo,
zambullido en el ahora camino del mañana,
sediento del dulce rocío de la madrugada;
el alma joven más cómo está ya tan arrugada.

Aguardo la lluvia al sentir mi ser de lava,
al estallar sin ton ni son, vida y destrucción
hechas una como en Yellowstone;
rescata la vida que dejaste abandonada en el paredón.

Bajo el influjo del orujo, torno al muggle en brujo,
cómo un león sin melena más hacia la Luna rujo;
abriendo camino al fuelle si nada me conmueve,
sintiendo el aire que se mueve
cuando en otro cielo llueve.
Te ruego bienes, ¡oh inspiración que vas y vienes!

quedó sólo el sombrero, fundido en el charco
del muñeco de nieve.