Nullius in verba | Soneto

para Ani

Nulo es mentar la pena que me embarga
del aprender a vivirme sin tu vida:
tu eres de los que jamás se olvidan;
como un viento que sopla a las espaldas.

Te he forjado en mi fe, del ser dos almas
en las buenas vivencias compartidas.
Si es alegre, más leve es la partida;
que así nos sea ligera la carga.

Si la existencia te da malos tragos
no andes solo rumiando los estragos;
la fuente de agua clara y alegría
se encuentra en cada paso que da el día.

Llevo conmigo éste verso de guía;
mismo camino son todas las vías.

firma

¿Cómo no creer en la magia? – Coplas

Doliente amor; penetra con crudeza
cuando se necesita, más se siente
que no se merece; baja la frente,
respira el consciente hacia la entereza.

Querida nos es siempre la maleza
que en infinitas infimidades
oculta nuestra vista a las verdades
cuando en vez de camino hay fortaleza.

Son las vías de la naturaleza
en la alquimia de la energía vital;
cuando cabalgamos sobre el animal
en causar daño se gana destreza.

Mas el sanarlo con buena presteza
es parte del proceso espiritual
que germina del sustrato emocional
del que siempre hay que limar asperezas.

Es la clara distinción del bien y el mal
la que bien nos ofrenda la tragedia
y en el libre sendero a la comedia
es donde hayamos al toro y la destral.

No es tan solo el ser una enciclopedia
saber mostrar los caminos posibles;
es saberlo todo serio y risible
por sabernos en lo alto de la media.

Qué relativa la distancia
cuando el verso es ansible;
¿cómo no creer en la magia
en un universo sensible?

Cirhian

 

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En éste hogar mío que he okupado – Coplas endecasílabas

Integrando el duelo de un ser amado
Desquiciado por la urbe y su acústica;
De aquellos que amo he tomado el legado
Al hacer mías sus batallas únicas.

Incluso para quién me ha olvidado
Aún alienta mi vida a su luz fúlgida;
Para quién me conoció en la urbe pútrida
Me sepa como a Arquíloco; frustrado

Pues, harto del juego y perder los dados,
He dejado de maldecir al hado
Y, de regreso a mis raíces rústicas,
Me llevo ésta marmita barbitúrica

De la que el orden y el caos se han volcado
Por los rizomas de mis ramas druídicas;
transmutando el agua en poción mágica
que hace irreductible a quién la ha probado.

Al cerro patrio, al lar he retornado
Pues en la ciudad multan la música
Si ésta se toca sin haber pagado
La tasa impostada a la expresión mística.

En éste hogar mío que he okupado
Rio, canto y lloro de forma impúdica;
Y a quién le parezca que estoy sonado
Bien puede besarme la zona púbica.

 

Corocotta

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El vacío limpiará tu conciencia (Soneto)

Hay muchos que piensan que es un misterio
saber cómo librarse del bagaje
que entorpece el paso en éste viaje
en el que edificamos nuestro imperio.

Para liberarse del cautiverio
cada huella ha de ser peregrinaje
indeleble muestra de tu coraje,
del encuentro de tus dos hemisferios.

El vacío limpiará tu conciencia
otorgándole a tu ser el espacio
que le es tan necesario a su esencia.

No tengas prisa en adquirir tu ciencia;
son éstas gotas de saber que escancio
de allí de dónde has de beber despacio.

Roberto Abelardo

Aprender a amar ésta casa austera (Soneto ilustrado)

Vivimos anegados en la duda
de si el existir es una prisión
obrada sobre ésa vacua pulsión
que al alma y la materia deja mudas.

Habita el mundo en la ausencia desnuda;
somos libres de su falsa visión
teniendo solamente por misión
la osadía de ir a matar al Buda.

Quiero, con el cariño en el obrar,
hacer del cuerpo y del vacío hogar
y aprender a amar ésta casa austera;

sigo, en la senda que da a la ribera,
el río que peregrina hacia el mar
cómo éste otoño hacia la primavera.

 

Roberto Abelardo

Ando cansado de tantos prejuicios (Soneto)

Ando cansado de tantos prejuicios
de que los otros condenen mis vicios
hoy cierro puertas, no dejo resquicios;
disfruto de lo que me haga servicio.

Qué importa si el tuyo son los auspicios
o la creencia de que hay un inicio
tras todo fin, o de que en los solsticios
más fuertes son los vivaces indicios;

vive tu vida sin causar perjuicio
salvo a aquellos que gusten del suplicio
y haz del cariño tu mejor oficio;

no te dejes arrastrar por sus juicios,
pues son, en relativa, tan ficticios
cómo los sueños con que me desquicio.

Roberto Abelardo

Llegó la hora de ponerse chulo (Soneto)

Ayer noche, en el célebre club Cronopios de Barcelona, se celebró una competición en la que se coronaba al peor poeta cómo campeón de la estética de la fealdad. Compuse, para la ocasión, uno de mis más malos y feos sonetos; espero que, igual que a los asistentes del evento, os haga sufrir un poco.

De nada.


Reconozco que en mi interior basculo:
muy poco hay que en realidad me importe;
no poseo ingenio ni un noble porte
y siempre me deslomo cómo un mulo.

Del amor no me trago ningún bulo;
muy poca gente siento que me aporte
la pasión que impulsa cómo un resorte
a mi sangre a salirse de su zulo.

Llegó la hora de ponerse chulo;
no quiero junto a mi a ningún consorte
ni a ninguna falaz dama de corte
que sólo piense en hacerse los rulos.

Jamás, ni por nadie, pierdo ya el norte
y, claro, mucho menos por tu culo.

Robestrébol.