#37 Soneto: a un presidente al que le gustan “los chuches”

a un presidente al que le gustan los chuches

A ti, que tan sólo muestras valentía
en un discurso, o tras una pantalla;
tú, que más bien eres cáscara vacía,
testaferro del ‘¿Porqué no te callas?

¡Lelo de ti! Que de ti ni Aznar se fía,
¡eres pura vaca boba aún en las vallas!
Por ser un mindundi y no dar la talla;
¡más falso que el Juanca con la Sofía!

Vuélvete al logopeda y que te enseñe a hablar;
no eres más que un mono que aprendió a caminar
por pura suerte; aferrándote a la curul,
eres aún más aberrante que un Nazgûl.

Anda, date el piro ¡i que et donin bé pel cul!

Robestrébol

#19 Elegía del Cátaro (Soneto)

Elegía del Cátaro

Del respeto que yo siempre tuviera
por madres, meigas y grandes mujeres,
abandoné yo todos mis quehaceres
por el amor a una bruja en la hoguera.

El bastón, que apoyo y fuerza me diera,
el sueño y el tiempo de los placeres
dejo en cuidado al Sol, con mis enseres
sobre una losa junto a la alta higuera.

Montaña arriba sigo la invisible
estela del astro -fausto- en que haya de arder
el alma en espiral, indirigible;

en hacerse primar por lo tangible
mundo alguno sin mi habrá de perecer,
pues el amor ha -siempre- de ser libre.

R. Cirhián

catar

Minerve, Francia; monumento al catarismo.

Aguardo al áurea luz nacer

Aguardo y espero sin esperanza
al áurea luz nacer del horizonte;
la aurora que sin rey corona el monte,
más bella cuanto más breve es su danza.

Quebrada sobre el suelo la balanza,
nada son el bien y el mal sin un dónde;
no hay raza viva que el ser no forme
ya sea en magma, arena, agua o labranza.

Muerta la golondrina que agujereó mi barca
tornárame en un istmo de tu orilla tranquila,
remanso de Sol y paz para quien bien embarca.

Amada mía, de todo el ser mío que oscila,
tú que el alma guareces lejos de pétreas arcas
dime si seré tu gota entre Caribdis y Escila.

Nací para tumbarte sobre un lecho de flores

Vinimos a éste mundo por cósmico

azar, cómo confluye lo minúsculo,

indistinto a los faros del crepúsculo,

cuando, eterno, impulsa su fulgor crónico.

Dentro esotro hallarnos, milagro entrópico;

amando, aún cuando no arriben opúsculos.

Sublimas, vida, en cuánticos grupúsculos,

curva alegría del destino homónimo.

Sí; nuestra luz partirá de las córneas,

de regreso a los astros y sus órbitas,

acopiada en cien estaciones cíclicas.

Más ni el eterno sueño, ni las óseas

lagunas, ni mil maldiciones órficas

podrán con éste amor de fuentes místicas.