En éste hogar mío que he okupado – Coplas endecasílabas

Integrando el duelo de un ser amado
Desquiciado por la urbe y su acústica;
De aquellos que amo he tomado el legado
Al hacer mías sus batallas únicas.

Incluso para quién me ha olvidado
Aún alienta mi vida a su luz fúlgida;
Para quién me conoció en la urbe pútrida
Me sepa como a Arquíloco; frustrado

Pues, harto del juego y perder los dados,
He dejado de maldecir al hado
Y, de regreso a mis raíces rústicas,
Me llevo ésta marmita barbitúrica

De la que el orden y el caos se han volcado
Por los rizomas de mis ramas druídicas;
transmutando el agua en poción mágica
que hace irreductible a quién la ha probado.

Al cerro patrio, al lar he retornado
Pues en la ciudad multan la música
Si ésta se toca sin haber pagado
La tasa impostada a la expresión mística.

En éste hogar mío que he okupado
Rio, canto y lloro de forma impúdica;
Y a quién le parezca que estoy sonado
Bien puede besarme la zona púbica.

 

Corocotta

firma

Clamor – Coplas en clave de rap

Se persona Corocota
¿dónde está la recompensa?
Si llenas la armería
vacía queda la despensa.

Sé que soy un genio
sin hacer el test del MENSA
porque sé que solo el bien
en ésta vida te compensa.

Piensa, tu acción
determina la consecuencia;
has de pensar, hablar
actuar en correspondencia.

Yo edifico un puente
entre las artes y las ciencias:
es en el punto medio
el despertar de la conciencia.

Pues si sólo somos
energía quieta y densa
¿cómo es que ésta luz
en los vitrales se condensa?

Es que en la unidad
se basa la resilencia;
el camino y la armonía
te otorgan la consistencia.

Quiebro con tristeza
la veda en la no-violencia:
no toleramos el abuso;
va contra de nuestra esencia.

Fieras en el asalto
aún más firme la defensa;
como el rayo en el Tunguska
somos pura energía intensa.

El cariño en lo que quieres
sacrificio y paciencia;
las vías de la tribu
se abren de manera inmensa

Misma senda, unidas,
unidos en fe, pasión y ciencia.
¡Los tribunos de la plebe
invocan a la resistencia!

-Corocota

Volverme

Hoy voy a volverme canción;
el ritmo lo marca el viento
que recorre mis adentros
y siempre nace del pulmón.

Le da fuelle una pasión
cómo la fragua de Hefesto;
eterna es la transición
de aprendiz a maestro.

No quedará ningún rincón
que esté a salvo del tiempo;
le auguro un fin funesto
a cada cual por su traición.

Tripas rugen, corazón;
siendo tenue tu lamento
se eleve al del tormento
que sufres en tu razón.

En cada abrazo el misterio
de traer a la vida calor,
llenando de jilgueros
y verde el paisaje sin color.

Resisto cómo el Vietkong
ante el poder de un imperio
creando con éste amor
que llevo de uno a otro hemisferio.

Roberto Abelardo